Lo primero es para responder a esta pregunta es pensar: ¿qué es la evaluación? ¿en qué consiste?
Lo más seguro es que todos nosotros tengamos una idea intuitiva de que es evaluar. Podríamos decir que consiste en elaborar juicios basados en realidades dirigidos a decidir si una persona (ya sea ajena o nosotros mismos) ha aprendido una serie de conocimientos.
Según lo visto en clase la evaluación es "la realización de un conjunto de acciones encaminadas a recoger una serie de datos en torno a una persona, hecho, situación o fenómeno con el fin de emitir un juicio sobre él mismo, para, posteriormente, establecer una toma de decisiones".
Para los profesores de educación artística, al ser ésta una materia tan abstracta, supone un gran reto su evaluación. Atendiendo a la definición que hemos mencionado antes, la evaluación requiere de la recogida de un conjunto de datos para poder funcionar. Para poder llevar a cabo esta recogida de datos debemos contar con instrumentos de evaluación. Es ahí donde entran en juego instrumentos como las tablas, las cuales nos serán útiles para apuntar observaciones y aspectos a tener en cuenta según los criterios de evaluación a los cuales nos ciñamos.
La evaluación de las artes debe ser, así misma, considerada como un proceso. Ésto quiere decir que los datos recogidos no deben realizarse en un momento concreto y "listo", debe seguir un proceso, un recorrido.
Para ello existen diferentes formas de evaluación: inicial, formativa y sumativa. Las tres son importantes para llevar a cabo una buena evaluación. La evaluación inicial resulta interesante ya que nos permite saber qué conocimientos previos a la explicación tienen nuestros alumnos y alumnas. La utilización de una evaluación formativa es adecuada y recomendable, sobre todo si consideramos la evaluación como un proceso. Esto es debido a que nos permite adecuar y ajustar nuestro trabajo a los que los alumnos nos vayan demandando, ajustarlo tanto al entorno como a los intereses de los niños y niñas, como sugiere el enfoque contextualista leído en el texto de "Por qué enseñar arte".
También sería interesante que los niños pudieran llevar a cabo de forma paralela una autoevaluación, ya que ¿quién mejor que ellos sabe si están aprendiendo? Además, de esta forma los niños y niñas se harán conscientes de su propio aprendizaje. Gracias a todo esto evitaríamos caer en el error de realizar solamente una evaluación sumativa o final, que es la que evalúa de forma "matemática" y es la que se encarga de poner la "nota" final.
Existen diferentes enfoques y corrientes artísticas, pero no todos resultan adecuados para la evaluación. Por ejemplo la corriente autoexpresionista no contempla la evaluación. La evaluación no tiene sentido ya que la creación es propia de cada individuo. Es libre y es personal, y, por lo tanto, no podemos juzgarla. Según esta corriente el único método de evaluación que tendría sentido sería aquel que permitiese al autor juzgar su obra. Sin embargo los niños no pueden autoevaluar su obra sin una guía, ya que no tienen suficientemente desarrollado el pensamiento crítico.
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